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El cuerpo humano se compone por microorganismos que viven en las superficies y cavidades. Uno de los grupos más importantes es la microbiota, que son colonizadores microbianos del intestino con funciones vitales para el organismo ya que se involucran en procesos fisiológicos, genéticos y funcionales.
¿Es lo mismo microbiota que flora intestinal?
Sí. El término microbiota, flora intestinal o microflora se refiere al ecosistema microbiano que coloniza al tracto gastrointestinal, es decir, el tubo digestivo y el intestino del organismo humano. La microbiota se adquiere al nacer y se mantiene estable hasta los 3 años de vida, ya que después de ese tiempo comienza a cambiar por los diferentes tipos de alimentación y estilo de vida. Existen millones de bacterias en la microbiota, y aún se siguen descubriendo comunidades bacterianas del intestino humano las cuales son benéficas ya que el desarrollo del sistema inmunitario depende de ellas.
Funciones de la microbiota
La microbiota contribuye a la salud y defensa del sistema inmunitario ya que:- Mantiene alerta al sistema de defensa.
- Participa en la producción de vitaminas, como la vitamina K y las del complejo B.
- Ayuda a digerir alimentos que no pudieron ser digeridos en el intestino delgado o el estómago.
- Regula la secreción de neurotransmisores intestinales, insulina y procesos como el metabolismo, por lo que influye en las enfermedades inflamatorias crónicas y en la obesidad.
- Produce péptidos, aminoácidos indispensables para la buena apariencia de la piel ya que son componentes de proteínas como el colágeno, la queratina y la elastina, que dan firmeza y elasticidad a la piel.
- La microbiota influye en la síntesis de compuestos neuroactivos como los neurotransmisores serotonina, dopamina y GABA (ácido y-aminobutírico), por lo que también influye en el estado de ánimo, la regulación del apetito y las funciones cognitivas como la memoria.
¿Por qué cambia la microbiota?
Si bien la microbiota es relativamente estable, puede sufrir variaciones en un mismo individuo por factores como el tipo de alimentación y el estrés, pero el consumo de antibióticos como tratamiento de infecciones es el principal causante de los cambios. La función de los antibióticos es combatir a las bacterias causantes de infecciones estomacales, pulmonares, faríngeas, entre otras. Sin embargo, además de eliminar a las bacterias perjudiciales, los antibióticos destruyen parte de las benéficas que componen a la flora intestinal. Por esta razón es común padecer diarrea, falta de apetito y dolor de estómago como efecto secundario del antibiótico.
Pre y probióticos como protección de la microbiota
Como hemos comprobado, las bacterias presentes en el intestino son benéficas y forman parte del sistema inmunitario para la salud, digestión, metabolismo y belleza de la piel. Por esta razón, mantener una buena microbiota es indispensable, especialmente después de haber pasado por un periodo de estrés extremo o de consumo de antibióticos. Las bacterias en nuestro organismo juegan un papel muy importante en la salud y en la enfermedad de los seres humanos. Por ello, los pre y probióticos se recomiendan para “nivelar” esa flora bacteriana, de modo que se tengan colonizaciones microbianas favorables. Los probióticos son microorganismos vivos que suelen obtenerse por el consumo de alimentos fermentados como la cerveza, el vino, yogur, kéfir, queso o kumis los cuales, cuando se administran en cantidades adecuadas brindan beneficios a la salud ya que mantienen o mejoran las colonias de bacterias del organismo. Por su parte, los prebióticos se encuentran en alimentos con alto contenido de fibra como granos integrales, plátanos, cebollas, ajo, alcachofas y hortalizas de hoja verde, los cuales son nutrientes para la microbiota humana, ayudando a mejorar el equilibrio de los microorganismos. Ahora bien, cuando los microorganismos están muertos se les denomina paraprobióticos, y a los componentes o sustancias producidas por los microorganismos y que producen efectos biológicos saludables se les conoce como postbióticos. Los microorganismos comercializados como probióticos incluyen levaduras y bacterias de diferentes géneros. Ambos deben evaluarse para identificar su especie, género, subespecie y una designación alfanumérica de las cepas.




















